Vértigo en el Trapecio Amazónico

La ilegalidad al límite

La sede de la Policía Antidrogas de Caballococha (provincia de Ramón Castilla, en Loreto, en el Trapecio Amazónico) se ubica en el angosto camino por el que se accede, a pie o en mototaxi, a Cushillococha, uno de los focos de siembra de hoja de coca en esta zona. Cuando El Comercio recorrió el lugar, en octubre del 2014, autoridades y pobladores indígenas de Cushillococha reconocieron que siembran coca (y la venden sin preguntar quién la compra) por necesidad, aunque en áreas reducidas. Un comandante de esa base policial los contradijo y comentó que el negocio es muy amplio y muy dinámico. “El narcotraficante desayuna en el Perú, almuerza en Colombia y cena en Brasil”, dijo.

(El Comercio, 14 de noviembre de 2015)

Foto superior: Ernesto Benavides


Vértigo en el trapecio

Trapecio Amazónico suena a nombre de chingana, pero es una de las zonas más complicadas en la lucha contra el fenómeno narco en el Perú. Fui a esta zona, específicamente a Caballococha y sus alrededores, en un viaje que, por la distancia y el tiempo y la situación que allá se vive, parecía que a uno lo transportara a otro momento de la historia peruana reciente. Días después regresé en un bote -les llaman ‘rápidos’- en un recorrido de 13 horas por el Amazonas hasta Iquitos, y en el camino nos iban comentando sobre robos a las embarcaciones: narcos que roban a narcos, ladrones que quisieran ser narcos pero no les alcanza el talento, narcos que quisieran ser delincuentes comunes pero ya están muy metidos, etc. Ya en Lima, me enteré de que, dos días después, en el mismo rápido en el que viajé, habían matado a un policía en medio de un asalto.

(Revista Somos, 13 de octubre de 2014)


Aguas turbias en el Putumayo

La alerta llegó el Viernes Santo: pobladores del caserío Mario Rivera (en la provincia de Ramón Castilla) denunciaron ante el comando de la Marina de Guerra en Iquitos que un narcotraficante colombiano, identificado como ‘Javier’, había incursionado en la zona para —alternando promesas con amenazas y chantajes— inducir a los campesinos del lado peruano a que cultivasen hoja de coca. Que él luego compraría toda la producción, les explicó. Que la procesaría en su país, les dijo. Que una vez convertida en cocaína la vendería a través de negociantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Que así funciona el negocio, les advirtió. Y que así seguirá funcionando, quieran o no. En las riberas del Putumayo elegir es un lujo.

(El Comercio, 23 de mayo de 2010)


Los marginados del mapa político

En las 80 localidades fronterizas del país vive casi el 5% de la población peruana. Son personas que cantan el Himno Nacional pero nunca han visto a un congresista, jamás a un ministro. Cada una de estas regiones carga el peso del olvido y de una crisis que parece eterna. Son los bordes mal cosidos de un país. ¿Qué hace el Estado por ellas?

(El Comercio, 29 de julio de 2008)


FOTOS: El Trapecio Amazónico, un nuevo foco del narcotráfico

La hoja de coca ilegal es erradicada en el Trapecio Amazónico

VIDEO: Así se erradica la hoja de coca en Caballococha

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