El lado más profundo de la guerra

En un pasaje del libro “La caída de Bagdad”, Jon Lee Anderson cuenta los momentos previos al anunciado bombardeo de Estados Unidos a Iraq, cuando él y varios otros reporteros definían los últimos detalles logísticos –buscar un hotel seguro, conseguir un auto, esconder dinero, llamar a la familia– antes del desenlace inevitable. En una de aquellas noches, Jon Lee reunió en una habitación con vista a Bagdad a unos pocos periodistas; uno de ellos era Moises Saman, fotógrafo nacido en el Perú, criado en Barcelona y después en Estados Unidos, que trabajaba para el “New York Newsday” en ese entonces. Para romper la monotonía o para aprovechar las provisiones, Moises cocinó algo para sus colegas. Fue el último momento de tranquilidad que tuvo durante su trabajo en ese país: pocas horas después, cayeron los primeros Tomahawk.

El de Bagdad y otras ciudades de Iraq fue un episodio distinto al que viviría muchos años después, durante la Primavera Árabe, por varias razones. En Iraq se sabía con relativa anticipación dónde ocurrirían los eventos militares, y se podía prever las consecuencias inmediatas.

En cambio entre el 2011 y el 2015 él se estableció entre Túnez, Egipto, Libia y Siria durante las revueltas que no solo se trajeron abajo a varios gobiernos, sino que además abrieron frentes internos de batalla difíciles de asimilar. La fiebre de las revoluciones avanzaba a un ritmo desenfrenado y por momentos descontrolado. Había que retratarlas a veces sin comprenderlas del todo.

También esta vez Moises –odia que le coloquen la etiqueta de ‘fotógrafo de guerra’– estuvo en la primera línea de fuego. En Egipto, donde pasó la mayor cantidad de tiempo durante estos últimos años, vivió a tres cuadras de la plaza Tahrir, en El Cairo, el epicentro de las protestas que comenzaron en enero del 2011 y acabaron en febrero con la renuncia de Hosni Mubarak después de 30 años de gobierno.

Moises permaneció aquellos años lo suficientemente cerca como para tener los registros más honestos –también odia la palabra ‘objetivo’– de lo que allí ocurría. Sus fotos las publicó en diarios y revistas del mundo, como “The New Yorker”, “The New York Times”, “Time” y ganó importantes premios, pero en determinado momento comprendió que para analizar lo que había vivido, y para poder plasmarlo en un libro no periodístico, sino casi una bitácora, tenía que tomar distancia física. Así que se mudó a Barcelona y editó un libro que desde el título aleja cualquier intento de análisis frío y simple: “Discordia”.

(El Comercio, 21 de mayo de 2016)

Fotos: Moises Saman

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One Comment

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  1. Qué bien escribes! A buscar Discordias!

    Enviado desde mi iPhone

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