El fuego de la coca

No hay tregua para Lochegua

De todo el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), Llochegua, ubicado en la selva de Huanta (Ayacucho), es uno de los distritos más vulnerables y peligrosos. Cada cierto tiempo, con una regularidad casi perversa, llegan desde esta localidad noticias relacionadas al narcotráfico y el terrorismo o a una suma de ambos. Los primeros episodios violentos en Llochegua comenzaron tres décadas atrás; los más recientes se registraron hace apenas dos semanas.

Mientras en Lima y varias otras regiones se discute sobre la presencia de grupos afines a Sendero Luminoso en la huelga docente, en Llochegua esta presencia y esta guerra se viven en primer plano.

(El Comercio, 20 de agosto de 2017)


Unas de cal, otras de cemento

Palmapampa es un pequeño pueblo del distrito de Samugari (provincia de La Mar, Ayacucho) en el que, como otros tantos en el Vraem, la población vive básicamente de la siembra de hoja de coca con un destino obvio.

La historia de Palmapampa es tan breve como crispada: recién en la década de 1960 se abrió una ruta fluvial hacia este lugar (antes se llegaba a pie por caminos de herradura desde la sierra ayacuchana). En 1982 ocurrieron dos hechos trascendentales para esta localidad: se abrió la primera carretera de acceso y, tiempo después, llegó Sendero Luminoso. El desarrollo comercial avanzó al mismo tiempo que la violencia terrorista. En 1984, el histórico Comité de Autodefensa de Palmapampa, junto al de la vecina localidad de Pichihuillca, logró que retrocediera el senderismo en una gesta memorable.

Cuando en los años 90 el narcotráfico amplió sus dominios a casi todo el Vraem, la demanda de hoja de coca se elevó. Palmapampa, un pueblo pobrísimo por donde se lo mirara, se volcó a este cultivo. Los cerros leves que rodean la entrada al pueblo están completamente cubiertos de la planta. En el parque central (en realidad son montículos de tierra baldía con palmeras secas alrededor) el 80% de locales comerciales vende abonos y productos químicos para mejorar la siembra y asegurar una cosecha rentable.

Palmapampa, por ser una localidad incorporada casi por completo en los primeros eslabones de la producción de droga en el Vraem, funciona como un termómetro: lo que ocurre allí sucede también en el resto del valle. Y lo que ocurre aquí actualmente es que los fabricantes de pasta básica de cocaína (que en otros laboratorios se convertirá en clorhidrato de cocaína) están reemplazando, de manera masiva y sostenida, varios insumos químicos fiscalizados (IQF) y con ello evaden los controles.

(El Comercio, 20 de abril de 2016)


Viaje al centro de la guerra

El bote sin nombre ni matrícula detiene la marcha, gira bruscamente sobre su eje y luego el motorista acelera con fuerza. Las turbulencias confirman que este es el punto exacto en el que la confluencia de los ríos Apurímac y Mantaro forma el caudaloso Ene, y da así el nombre a uno de los territorios más inhóspitos y peligrosos del país, el Vraem. El destino final del bote es Vizcatán del Ene, el último distrito creado por el Gobierno en esta zona. Pertenece a la selva de Junín, pero muy cerca de Cusco y Ayacucho, y se ubica a apenas un día de camino (suena lejos, pero no lo es) de Vizcatán, una agreste cadena de montañas donde desde el 2008 las Fuerzas Armadas han intentado desalojar a las columnas remanentes de Sendero Luminoso. Más que desaparecido, en realidad estas se han dispersado. Antes, cuando Sendero tenía alguna especie de perversa ideología, se decía que “el partido tiene mil ojos y mil oídos”. Ahora, ya sin ideología alguna, lo que tiene es mil escondites.

(El Comercio, 17 de abril de 2016)


“¿Con o sin notas de inteligencia había que ir a ese lugar?”

La violencia de Sendero Luminoso no se detiene en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Al ataque que dejó 10 muertos un día antes de las elecciones, se sumó ayer un reporte sobre un enfrentamiento entre nativos asháninkas y senderistas en Satipo [ver nota vinculada]. Horas antes, El Comercio conversó con el general EP Fernando Acosta, máximo jefe militar del Vraem, sobre cómo enfrenta el Gobierno a la subversión.

(El Comercio, 15 de abril de 2016)


El voto valiente en zona de guerra

Un domingo cualquiera en las principales ciudades del valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) se vive más que nada en las plazas, donde se organizan extensas ferias de venta ambulante de comida, medicina natural, ropa y juguetes. Pero el de ayer fue un domingo distinto, igual de dinámico pero no de tranquilo. En Pichari, la principal ciudad de este territorio, todas las mesas de votación se ubicaron en un solo local, el centro educativo La Victoria. Dentro del colegio, los militares se ubicaron en todo el recinto en alerta permanente y revisaron cada paquete que entraba. Fuera, la policía cerró las calles a dos cuadras a la redonda.

(El Comercio, 11 de abril de 2016)


¿Cómo buscar a ‘José’ y ‘Raúl’?

Víctor y Jorge Quispe Palomino, conocidos como ‘José’ y ‘Raúl’, cabecillas terroristas del valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), integran la lista de los criminales más buscados presentada esta semana por el Ministerio del Interior. No solo son aquellos por quienes se ofrece la mayor recompensa (S/2 millones), sino los que más tiempo llevan evadiendo a sus captores. Atraparlos equivaldría a reducir casi al mínimo la presencia de Sendero Luminoso.

(El Comercio, 26 de marzo de 2016)


La coca hace ‘crack’

Un suceso reportado el 8 de marzo en San José, un pequeño centro poblado del distrito de Santa Rosa (provincia de La Mar, Ayacucho), resume una situación que vive el Vraem y que puede marcar el inicio de un nuevo ciclo en la lucha contra el narcotráfico en todo el país. Aquel día, policías del Grupo de Operaciones Táctica Antidrogas en Jungla (Goatj) llegaron en cuatro camionetas hasta San José. Los informantes habían indicado un lugar donde se estaba produciendo una cantidad regular de cocaína: había tres enormes pozas de maceración en un laboratorio clandestino. Llegaron y, efectivamente, encontraron dos toneladas y media de insumos químicos, más de dos toneladas de hoja de coca y dos motobombas. Destruido el laboratorio, los policías se retiraron.  A pesar de que la trocha por donde habían ingresado había sido bloqueada con piedras y troncos de árboles, el asunto no llegó a mayores. Pero sí tensó la tarde.

(El Comercio, 14 de marzo de 2016)


Contra el tráfico

La lucha contra el narcotráfico en el interior del país durante este año ha tenido varios giros, literales y metafóricos. El primer giro lo dio el piloto de un helicóptero de la Fuerza Aérea que trasladaba al presidente Ollanta Humala, luego de que este inaugurara dos puentes en Llochegua, una álgida localidad del Vraem. El piloto se desvió de su ruta para mostrarle al mandatario un conjunto desordenado de líneas que desde el cielo parecían cicatrices pero que, en realidad, eran pistas de aterrizaje para narcoavionetas. Eso ocurrió el 7 de marzo. Desde aquel día, por órdenes directas de Humala, miles de militares y policías se dedicaron a destruir compulsivamente pistas clandestinas. En total han sido más de 200 (muchas de ellas reconstruidas, muchas de ellas otra vez destruidas). Como dice Gustavo Gorriti, periodista experto en el tema y que recientemente ha recorrido la zona, “es el primer caso, parece, en el que un puente aéreo se quiebra desde el suelo, sin utilizar ni un solo avión, negando aterrizaje a las narcoavionetas”.

(El Comercio, 31 de diciembre de 2015)


Armas de doble filo

“La corrupción existe, pero nosotros estamos siempre pendientes”, dijo el viceministro de Defensa Iván Vega el 14 de octubre. Aquel día la agencia de noticias The Associated Press (AP) había publicado un amplio informe sobre la relativa facilidad con que las narcoavionetas continúan aterrizando en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), a pesar de las operaciones de destrucción de pistas clandestinas. Los militares inhabilitan las pistas que descubren mientras los narcos utilizan aquellas que se reconstruyen, como en un interminable ajedrez cartográfico. En dicho reportaje, el periodista Frank Bajak incluye la versión del piloto de una de estas aeronaves, quien asegura que por cada vuelo algunos altos mandos de las Fuerzas Armadas recibirían hasta US$10 mil. El ministro de Defensa, Jakke Valakivi, dijo que el reportaje incluía “información tendenciosa”. También opinó al respecto el jefe de Devida, Alberto Otárola: “Si AP tiene pruebas ciertas de que los militares cobran cupos, le pido públicamente que haga esa denuncia ante las autoridades”. Parecía una reacción en cadena perfectamente coordinada.

(El Comercio, 24 de octubre de 2015)


La química de lo prohibido

La mañana del 19 de agosto, un equipo compuesto por aproximadamente 30 policías del Grupo de Operaciones Antidrogas Tácticas en Jungla (Goatj), encabezado por el coronel Jhonel Castillo, había salido al campo para ejecutar una operación contra uno de estos laboratorios clandestinos. Alertados por los ladridos de los perros y por los movimientos extraños en la carretera, los dueños abandonaron rápidamente el lugar y se escondieron en la selva. Cuando los policías llegaron al sector conocido como Vistoso, vieron algo que no estaba en sus planes encontrar. A pocos metros de dos pozas de maceración de hoja de coca, y perfectamente alineados, había 10 balones de gas con sus respectivas mangueras, 10 cocinas, 10 galoneras de ácido sulfúrico, bolsas de sal (más de 700 kilos) y, en tinas de plástico, bidones con cerca de 300 kilos de ácido clorhídrico producido allí mismo, artesanalmente. El ácido clorhídrico es un componente esencial para el narcotráfico: es el agente que convierte la pasta básica en clorhidrato de cocaína; es este químico el que le da nombre a una de las drogas más consumidas en el mundo. Esto cambia el panorama de un modo significativo. Ahora los narcos del Vraem no solo producen drogas, sino también los insumos. Para los policías del Goatj el hallazgo en Palmapampa significaba una operación exitosa pero, al mismo tiempo, la confirmación de la idea de que es difícil derrotar al narcotráfico porque siempre se reinventa.

(El Comercio, 25 de agosto de 2015)


“En el Vraem hay que operan primero con inteligencia”

La misma semana en que el Congreso aprobó el proyecto de ley 2891 (ley de control, vigilancia y defensa del espacio aéreo nacional), que permitirá retomar la interdicción y eventual derribo de avionetas que ingresen al país para recoger o traer drogas, Devida terminó de imprimir un libro institucional titulado “Recuperando el Monzón”, que detalla cómo este territorio del Alto Huallaga, antiguo bastión del narcotráfico, fue cambiando lentamente de giro (con aciertos y errores) y es ahora un distrito bastante menos hostil que lo que alcanzó a ser hasta hace pocos años. Según Alberto Otárola, se trata de un “caso ejemplar”. La experiencia en el Monzón, por cierto, permite mirar en perspectiva lo mucho que queda por hacer en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), el principal foco de producción y tráfico de droga en el Perú.

(El Comercio, 24 de agosto de 2015)


Sobre pistas y un Sendero

“En esta guerra hay que leer y releer la doctrina del enemigo”, explica un oficial del Ejército destacado en el valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Y luego cita a Mao: “Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando el enemigo acampa, lo hostigamos; cuando no quiere pelear, lo atacamos y, cuando huye, lo perseguimos”. Y eso es exactamente lo que sucede en este momento en esta convulsionada zona de la selva. La lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, en estas últimas semanas, ha cambiado de escenarios.

(El Comercio, 11 de junio de 2015)


El fuego de la coca

Todos los días, una patrulla de las Fuerzas Armadas busca pistas de aterrizaje clandestinas, para destruirlas e inhabilitarlas. Todos los días, los narcotraficantes contratan a pobladores para rehabilitarlas. Todos los días, patrullas de la Policía Nacional realizan operativos para ubicar y destruir pozas de maceración de hoja de coca y laboratorios de clorhidrato de cocaína. Todos los días, los dueños de esos laboratorios –suelen ser clanes familiares que siembran, cosechan y procesan la coca- los reconstruyen. Mientras en Lima se discute si el Perú va camino a ser un narcoestado, en el Vraem se confirma el concepto de narcorregión. Aquí se nace, se crece y se muere en medio de coca.

(El Comercio Web, 9 de junio de 2015)

En los últimos años, en el Vraem han cambiado las estrategias antidrogas, los modos de producción, las rutas del traslado, las áreas de cultivo. Han cambiado también algunos puntos de vista. Julián Pérez es el actual presidente de la Asociación de Productores de Hoja de Coca del Vraem. Si el discurso de los antiguos dirigentes cocaleros se acercaba a la consigna de “coca o muerte”, la de Pérez es menos idílica: “Reconocemos que el problema se nos fue de las manos. No vamos a ocultar que una gran parte de nuestra cosecha va al narcotráfico”. La idea no visible es evitar la inminente llegada del Proyecto Especial Corah al valle. En este momento obreros construyen lo que será el campamento del Corah en Pichari; se ubica justo entre la base policial y la base militar, para evitar posibles atentados. Al mismo tiempo, a tres cuadras, se remodela la Plaza de Armas del distrito. Cambiarán las bancas y el piso, pero mantendrán el monumento principal: dos hileras de hojas de coca de mayólica verde con inscripciones en idiomas locales. Una de ellas dice: “Ojencare coca tinaire perane kamaichire pesate”, que en asháninka significa: “Jamancia verdecina, el despertar de los seres inertes”. El Vraem es el territorio de lo obvio.

(El Comercio, 31 de mayo de 2015)


Vraem, el reino de las sombras

Hace menos de tres meses un grupo bien entrenado de militares mató a ‘Alipio’ y ‘Gabriel’, dos cabecillas de Sendero Luminoso en el Vrae (o Vraem, como se llama ahora). La reacción inmediata de todos nosotros fue: es un golpe durísimo al senderismo, ahora el Estado podrá ahora retomar algún mínimo control en la zona. Lo primero es más o menos cierto, lo segundo no tanto. En el viaje que hice hace poco junto a Dante Piaggio entrevisté como a 15 o 20 personas, desde pobladores anónimos y campesinos de zonas alejadas hasta y alcaldes distritales de todo el Vrae. Casi todos están de acuerdo en que ya Sendero es una presencia complicada. No piensan lo mismo del narcotráfico. El chofer de un colectivo -Toyota nuevo, comprado hace poco, una empresa formal o casi- me encaró: “Si hay quienes fabrican zapatos, otros procesan gaseosas, otros preparan cocaína. Con el pueblo no se meten. Además, me compran un poquito de hoja de coca de mi parcelita. También siembro cacao pero no deja mucha plata y tengo que pagar gastos, impuestos, colegio. Yo no consumo drogas, no las produzco y no conozco a quienes sí, pero necesito plata. ¿Soy culpable, dime?”.

(Revista Somos, 2 de noviembre de 2013)


Operación militar buscará en toda Tayacaja a los autores del atentado

El paisaje en Tintay Punco es, por estos días, extraño. Decenas de policías y militares deambulan por la pequeña plaza central del distrito, mientras que los pobladores en los alrededores están expectantes a lo que los soldados pudieran hacer para dar con quienes el último jueves emboscaron y asesinaron a 14 efectivos de la base contraterrorista de Cochabamba Grande se la Segunda Brigada de Infantería, perteneciente al Comando Especial del VRAE. El Comercio pasó la noche del sábado en Tintay Punco, en la convulsionada provincia de Tayacaja (Huancavelia). Se puso notas, entra otras cosas, un nerviosismo latente. Es, al fin y al cabo, un pueblo que revive el miedo.

(El Comercio, 13 de octubre de 2008-21 de mayo de 2016)


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: