Así se caza a un criminal en el Perú

Detenidos y luego liberados

Según estadísticas de la Fiscalía contra el Crimen Organizado (Fecor), de los 932 detenidos que hubo entre enero y diciembre del 2018 por crimen organizado, 608 cumplen prisión preventiva. Otros 153 capturados permanecen en el período de prisión preliminar –fueron detenidos en operativos recientes– mientras se decide su situación legal. Del total, el Poder Judicial dictó comparecencia o excarceló a 171; es decir, fueron liberados aunque con algunas restricciones. Esto equivale al 18%.

El caso más reciente se sitúa en Tacna. Allí fueron detenidas, a fines de noviembre, 21 personas acusadas de integrar una organización criminal que la policía bautizó como Los Limpios de Tacna, dedicada al tráfico de terrenos. Entre ellas, estaban el alcalde provincial, Jorge Luis Infantas, y el ex alcalde y por esos días candidato al gobierno regional Luis Torres. Es decir, el pasado, el presente y el probable futuro político de esa región estaban envueltos en una nube de corrupción.

El 10 de diciembre, se dictó prisión preventiva para ellos, y fueron enviados al penal de Pocollay. Pero el 7 de enero la Sala Penal de Apelaciones la anuló. Como suele suceder en estos casos, el Poder Judicial alega falencias en la acusación de la fiscalía. Días atrás, Ludwing Flores, el fiscal a cargo (pertenece a la Fiscalía Especializada en Delitos de Corrupción), fue separado del caso. El presidente de la Junta de Fiscales de esa región, Walter Goyzueta, reconoció que hubo fallas y “falta de experiencia” en el manejo de un caso que involucraba a una veintena de detenidos.

En su oficina del Centro de Lima, Jorge Chávez Cotrina, coordinador de la Fecor, comenta que si el caso lo hubiera manejado esta dependencia del Ministerio Público, podría haberse logrado un mejor resultado. “Hay técnicas especiales de los fiscales para crimen organizado, hay un ‘expertise’ por aprovechar”, dice Chávez.

Junto a su escritorio, en un apretado despacho ubicado en un edificio del jirón Carabaya, está colgada una página de este Diario en la que aparece él mismo junto al titular grande: “Se necesitan S/500 millones para combatir crimen organizado”, se lee. Más allá de lo astronómico de la suma, Chávez explica que ese presupuesto ayudaría por ejemplo a instalar más sedes de la Fecor en regiones donde no las hay. Precisamente, Tacna es una de ellas.

Foto: Ministerio del Interior

(El Comercio, 14 de enero de 2019)


“Yo quiero puro FEO”, dice el oficial, sentado en un escritorio atestado de sobres manila y carpetas con documentos de todo tipo. Esta es una oficina estrecha pero funcional: hay una mesa con un par de sillas, una pizarra acrílica llena de anotaciones en plumón, un horno microondas, vasos. Se puede inferir que este policía pasa muchas horas del día en esta habitación de la vivienda que ocupa la División de Investigaciones de Alta Complejidad (Diviac), en Surco.

Este no siempre fue un local empleado para planificar operativos policiales contra organizaciones criminales. Hasta fines de los años 80, fue uno de los inmuebles incautados a Reynaldo Rodríguez López, uno de los mayores narcotraficantes que ha habido en el Perú (y ha habido varios). Él fue detenido en 1985. Perdió gran parte de su dinero y de sus propiedades, incluyendo esta que se ubica en una esquina de la avenida Pedro Venturo, y que ahora ocupa la Diviac.

“Yo quiero puro FEO”, repite el policía, esta vez enseñando diapositivas en una laptop para explicar qué significan sus siglas. La F alude a la fuente humana: testimonios de agentes de inteligencia, informantes o colaboradores eficaces. La E refiere a las escuchas telefónicas autorizadas judicialmente y que sirven como prueba irrefutable en la mayoría de casos. La O es de observación, vigilancia y seguimiento.

Desde octubre del 2016, la Diviac ha realizado 66 operativos policiales contra organizaciones criminales en varias ciudades del país. En cada operativo participan cientos de policías, y se realizan con absoluta discreción. Han sido capturadas más de 1.200 personas por diversos delitos, desde extorsión y sicariato hasta tráfico de terrenos y trata de personas. Detrás de cada integrante de una banda criminal que es detenido por un agente de la Diviac hay un FEO.

Ica, diciembre del 2016. En el primer operativo de la Diviac fue desarticulada la organización criminal Los Sanguinarios de Ica. En los dos años previos, cerca de 100 negocios y unos 60 comerciantes fueron extorsionados por esta banda encabezada por Jimmy Álvarez Orihuela, conocido como ‘La Bestia’, un alias nada gratuito. Sus amenazas enviadas por celular terminaban siempre con la misma firma: ‘Tony Montana’.

Álvarez mandaba mensajes exigiendo S/ 10 mil a S/ 50 mil, junto a una foto del negocio (una ferretería, un restaurante, un gimnasio) de la víctima. Luego enviaba fotos familiares rodeadas de balas. Si no le pagaban, atacaba los locales o asesinaba a estas personas y mandaba imágenes del crimen a esos familiares, y les exigía más dinero. La Diviac capturó a 23 integrantes, incluyendo a ‘La Bestia’. En su escondite hallaron un enorme cuadro de Tony Montana pintado al óleo.

sanguinarios de ica 1sanguinarios de ica 2

Áncash, diciembre del 2018. En el último operativo de la Diviac en el año pasado, fue desbaratada la organización Los Intocables de Chimbote. Un suboficial de la policía investigó el caso desde agosto pasado, cuando un empresario del sector inmobiliario comenzó a ser hostilizado y extorsionado por Elmer Reyes Atavíos ‘Wino’, conocido delincuente que habría tenido contactos en el 2014 con el –ahora preso- ex gobernador César Álvarez.

El golpe policial se dio de madrugada en las empinadas calles del barrio de San Pedro, que todos conocen como las favelas de Chimbote. Agentes de inteligencia que trabajan en esta ciudad aseguran que nunca antes la policía había incursionado en el corazón chimbotano del crimen. Fueron detenidas 17 personas sin disparar una sola bala. Además se incautaron celulares, dinero, armas de fuego y hasta una granada de guerra. Simples delincuentes no eran.

En Ica, los policías que investigaban a ‘La Bestia’ y sus cómplices antes de detenerlos notaron algo raro: el Departamento de Investigación Criminal de Ica registraba muy pocos casos de extorsiones, pese a que las matanzas y atentados eran un secreto a voces. También descubrieron que aquellas personas que acudían a la sede policial a denunciar amenazas regresaban a las pocas horas a esa misma dependencia, pero para retirar las denuncias.

La suboficial Nassia Fernanda Bendezú Carlos fue sindicada por los detectives como el contacto de Los Sanguinarios de Ica en la policía. Colaboradores eficaces explicaron que ella indicaba a los delincuentes los datos personales de quienes se acercaban a interponer denuncias; les decía incluso cómo iban vestidos. Con esa información, ‘La Bestia’ llamaba a sus víctimas y el tono de la amenaza se elevaba, lo mismo el monto de la extorsión. La suboficial fue detenida.

En Chimbote ocurría algo similar. Los investigadores de la Diviac descubrieron que cuatro policías de diversas unidades colaboraban (a cambio de dinero) con Los Intocables de Chimbote alertándolos sobre posibles operativos o desviando investigaciones en contra de ‘Wino’ y sus secuaces. Manuel Lorenzo Calderón Reyes, Junior José Cano Corales, Edwin Quenaya Quispe y Carlos Royni Zapata Ortiz fueron capturados de madrugada.

Incluso ha habido casos de policías de la Diviac que integraban organizaciones. Hace un año, en enero del 2018, se capturó a 34 integrantes de Los Malditos de Santa Rosa. Aquella madrugada, a un policía de esta división se le encargó vigilar el calabozo al cual llegarían los detenidos. Cuando se dio la señal, otro policía y un fiscal lo introdujeron en ese mismo calabozo, pero en calidad de detenido. “Él también tenía su FEO”, recuerda el oficial en su despacho de la Diviac.

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(El Comercio, 14 de enero de 2019)

Enlace: https://especiales.elcomercio.pe/?q=especiales/asi-se-caza-a-un-criminal-en-el-peru-ecpm/index.html


Cuatro días antes de las Fiestas Patrias de 1985, una explosión en el segundo piso de una casa cerca del óvalo Higuereta hizo pensar en otro atentado de Sendero Luminoso. En realidad lo que había estallado era un gran laboratorio de cocaína que había armado Reynaldo Rodríguez López ‘El Padrino’, uno de los mayores narcotraficantes que ha habido en el país.

‘El Padrino’ fue capturado en 1985, y en los años siguientes salió y entró en cárceles. Fue perdiendo su fortuna y, en especial, sus casas. Una de estas, incautada por el Estado, se ubica en una esquina de la avenida Pedro Venturo, en Surco. Allí, en habitaciones, pasadizos y patios adaptados para la ocasión, funciona ahora la base principal de la Diviac. Al frente hay un chifa y al lado, un colegio: el transeúnte promedio no imaginaría que tras esas paredes se organizan los golpes a los criminales más peligrosos del país.

(El Comercio, 30 de diciembre de 2018)

 

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